Desde el punto de vista del comportamiento del consumidor, el mayor cambio está en cómo se toman las decisiones de compra. Antes contaban sobre todo la disponibilidad y el precio. Hoy importan también la seguridad, la comodidad del envío, la descripción del uso y la credibilidad de la marca o del vendedor.
La innovación de producto ya no consiste solo en abaratar la fabricación. Cada vez más se trata de diseñar mejores materiales, reducir los residuos, mejorar la ergonomía y optimizar los envases.
La sostenibilidad también gana peso. Los compradores no solo se fijan en el producto en sí, sino en su ciclo de vida, en su potencial de reciclaje y en si el fabricante comunica sus ventajas prácticas de forma honesta y comprensible.